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24 de septiembre de 2017

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El 16 de abril del 2016  día que la juventud  ecuatoriana no podrá olvidarlo, porque tocó el corazón de una sociedad que demostró su inmensa solidaridad e infinito amor por nuestros hermanos de las provincias afectadas: Manabí, Esmeraldas, Los Ríos y Santo Domingo. Un terremoto de 7.8 grados cambió la vida de quienes habitamos este país, ubicado en el centro de mundo.

Una vez confirmado el epicentro en Pedernales-Manabí, la información se difundía a través de redes sociales y medios de comunicación. El Estado por su parte junto con la sociedad civil asumió su rol al coordinar y canalizar la ayuda para los afectados.

Por su parte la juventud se orientó a  impulsar,  sostener y ayudar a mantener la esperanza de “Ecuador, País Listo y Solidario”, entendiendo que la juventud es parte de la solución, la misión es levantarnos todos como hermanos.

El voluntario que parecía olvidado, vuelve a ser un elemento sustancial en la formación de las nuevas generaciones, quienes sin pensar dos veces se volcaron a prestar ayuda desde sus conocimientos; estudiantes, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, comunicadores sociales, parvularias, educadores, abogados, ingenieros y ciudadanos reconocieron que su rol es ayudar desde su área de formación académica, algunos movilizándose a los lugares afectados y otros ayudando desde sus ciudades de origen en toda una cadena de solidaridad.  

De pronto el voluntariado se convirtió en un mecanismo directo de ayuda a los damnificados y el común de los ciudadanos asumió esto, como la forma más idónea para contribuir a la noble causa desde los diferentes medios, formas y espacios. Los voluntarios  acudieron al llamado del Estado y de la sociedad civil incorporándose a los centros de acopio para realizar la recepción, clasificación y distribución de víveres y raciones alimenticias.

Los jóvenes y ciudadanía en general han dado su tiempo de manera desinteresada, altruista y solidaria. Es por esto que el CNII  reconoce este trabajo en los mensajes dirigidos a este grupo poblacional, como una manera de potenciar su contribución y responsabilidad social y a la vez, para mostrar el trabajo realizado.

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Pero,  ¿qué significa ser voluntario en estas circunstancias?

Significa tener compromiso y participación, considerar a los otros, preocuparse por resolver los problemas y necesidades, actuar con ellos y junto a ellos, con esto sentirán que hay un pueblo que lucha y les recuerda que jamás estarán solos.  

Significa tener responsabilidad social y calidad humana, tener temple, autocontrol, disciplina y voluntad.  Las circunstancias en las zonas afectadas del país, demandan que los voluntarios que acuden sean autosuficientes, estén equipados con alimentos, medicinas y con fuerza de carácter para enfrentar no solo las adversidades del acontecimiento como tal, sino además tener la capacidad de dar ánimo y tranquilidad a quienes lo necesitan.

Jóvenes estudiantes, profesionales, militantes, médicos, psicólogos, entre otros, son parte de una sola voz, que se une de manera protagónica, para con fuerza y alegría reconstruir el Ecuador que todos queremos.

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